martes, 19 de julio de 2016

Carta a un joven católico

Querido Joven Católico:
 
Solo porque deberías estar haciendo algo no significa que esto sea fácil, ni tampoco significa que deberías hacerlo solo y sin apoyo. Existen ocasiones cuando el ser católico puede ser duro, cuando sientes que eres la única persona en todo el mundo que cree en lo que crees y cuando las expectativas parecen ser enormes e imposibles. Hay ocasiones en que el ir contra corriente en el mundo actual es simplemente agotador, la fe parece confundirse y la santidad parece no tener recompensa alguna.
Tal vez tu fe se encuentra en una batalla campal en estos momentos. Tal vez no veas la relevancia de la misma en tu vida. Tal vez todo en tu vida va bien, pero tu fe se siente como una obligación que debes cumplir. O tal vez algunas cosas en los últimos días parecen haberse desmoronado y Dios aparece distante, frío y silencioso. Tal vez la ira y el dolor nublan todo entendimiento y el futuro aparece incierto. O tal vez sepas que tu fe significa todo para ti, pero el precio que estás pagando por ella es mucho más alto de lo que alguna vez imaginaste y no hay nadie a tu lado que te apoye y te aliente.
Tal vez todo lo que sientas sea culpa y juicios propios contra ti mismo por las veces en que cometes errores. Y tal vez ya estés cansado de dar explicaciones y de terminar relaciones cuando te ves obligado a sacrificar tus principios. Tal vez hayas experimentado tanto rechazo por el simple hecho de ser católico que ya no te queda nada por dar a otros. Tal vez anheles amigos con los cuales puedas compartir tu fe, amigos que entiendan quien eres y el por qué crees todas estas cosas. Tal vez quisieras tener a alguien con quien ir a misa, alguien con quien sentarte a rezar, alguien a quien contarle tus dudas y dificultades. Tal vez estés agotado de defender la única cosa que te da tanta alegría.

Puede ser tan difícil cuando no hay nadie alrededor que te recuerde que todo este gran esfuerzo vale la pena. Es desalentador cuando nadie entiende cuanta soledad te trae el ir a misa sin compañía, o cuanto esfuerzo requiere y cuanta tristeza produce el tener que alejarte de situaciones que aunque te parezcan atractivas pero sabes que no son buenas. Tal vez estés cansado de cometer los mismos errores una y otra vez. Es difícil, ¡lo sé! Y quiero animarte.
Quiero recordarte que aunque ahora te sientas solo en tu fe y estés pasando por muchas dificultades, compartimos contigo todo el esfuerzo y queremos hacerte recordar la dicha y la amistad profunda que trae el conocer a Cristo. En cualquier situación o etapa que estés, continúa.
Algunas veces todo lo que necesitas son pequeños pasos. Continúa rezando, incluso si solo son cinco minutos en el día.
Sabes que puedes estar orgulloso de ser católico. Es lo que te hace ser quien eres y te hace reconocer que eres una persona única e interesante. Ser católico es parte de esa hermosa pieza que realza la hermosura de tu ser. No siempre vas a estar rodeado por personas que ven tu fe de forma negativa. Conocerás gente que se verá intrigada o cuestionada por tu fe, que genuinamente desearán saber más y que están esperando por una oportunidad para compartir algo personal sobre ellos mismos. Conocerás personas que te dirán que ellos también quieren eso que tú tienes –ya sea el sentido de tu vida, la paz que proyectas, o esa seguridad que te da el saber que eres amado incondicionalmente por Dios–.
Digo esto no con la intención de crear barreras, sino con la intención de animarte, de darte coraje en los momentos en que crees que tu fe es una carga. Te aseguro que habrán momentos inesperados cuando tu fe te sorprenderá por el poder que tiene para lo bueno, para crear conexiones con otros, para ayudar a cambiar vidas. No olvides el enorme poder de tu fe. Dios trabajará a través tuyo en formas increíbles, formas que nunca jamás hubieras imaginado ni en el más loco de tus sueños.
Yo entiendo. Es difícil ser un joven católico. Tal vez sientas que lo puedes hacer mucho mejor. Tal vez te sientas perdido. Espero que por el simple hecho de reconocer estas dificultades en esta carta puedas sentirte mejor, puedas sentirte menos solo. Sí, las cosas cambian y un día todas estas dificultades que enfrentas, ya no serán tan difíciles. Pero incluso así, quiero que sepas que estamos rezando por ti, que te estamos animando, y que compartimos tus sufrimientos. ¡Juntos, con Cristo y su Madre María, podremos lograrlo!
Con todo mi amor y oraciones,
De un joven católico a otro.

Tomado de la pagina
 http://catholic-link.com/ 

 

miércoles, 19 de agosto de 2015

Como corregir sin herir

COMO CORREGIR SIN HERIR
En cierta ocasión me encontraba trabajando con un
grupo de voluntarios que pintaban un viejo templo. Un señor
se puso de capataz para decirnos lo que debíamos hacer. Un
joven enlazó una soga en la torre y trepó por ella para pin-
tarla, cosa bastante difícil. Con el balde de pintura colgando
de la cintura, se sostenía de la soga con una mano mientras
que con la otra pintaba a todo vapor. El capataz, desde el
suelo le gritó:
--Estás salpicando de pintura, hazlo más despacio.
El joven bajó por la soga y le entregó al capataz el balde
y la brocha, diciendo:
--Muéstrame cómo.
Cuando se crea usted en la necesidad de abrir la boca y
señalar las faltas ajenas, considere primero cómo hacerlo,
ayudar y mostrar. Comprobará que la tarea que quiere criticar
Quiza no  sea no sea tan fácil como a usted le parecía

jueves, 13 de agosto de 2015

NO TENIA TIEMPO

Hace algunos años un joven se acercó al capataz de un

equipo de leñadores y pidió trabajo.

--Depende --contestó el capataz--. Veamos cómo talas

ese árbol.

El joven se adelantó y con maestría taló un gran árbol.

Impresionado, el capataz exclamó:

--¡Empieza el lunes!

Lunes, martes, miércoles y jueves pasaron; y el jueves

por la tarde el capataz se acercó al joven y le dijo:

--Puedes recoger tu cheque cuando salgas hoy.

Sorprendido, el joven respondió:

--Creía que pagaban los viernes.

--Normalmente lo hacemos --contestó el capataz--,

pero te dejamos marchar hoy porque te has quedado atrás.

Nuestras hojas diarias de trabajo demuestran que has caído del primer lugar el lunes al último el miércoles.

--Pero soy un buen trabajador --objetó el joven--

¡Llego el primero, me voy el último, e incluso he trabajado

durante la hora del descanso!

El capataz, sintiendo la integridad del joven, pensó du-

rante un minuto y preguntó:

--¿Has afilado el hacha?

El joven replicó:

--He estado trabajando tanto que no he tenido tiempo

para eso.

Qué error tan obvio. ¿Cómo pudo alguien cometer tan

impensable error? Aun así el hecho es que muchos de los

siervos de Dios fracasan en la tarea señalada porque no se

toman tiempo para afilar sus vidas en oración.

Sin duda, cuando los siervos de Dios hablan con fran-

queza de sus vidas espirituales, la mayoría manifiestan su cul-

pabilidad respecto a su vida de oración. Esto quiere decir que

miles están llevando a cabo sus ministerios pastorales con

instrumentos cada vez menos afilados que, inevitablemente,

frustran cualquier posible éxito.

martes, 11 de agosto de 2015

TE OFREZCO MI VIDA


CANTO PARA LA SAGRADA EUCARISTÍA

"Te ofrezco mi vida"


 canto de presentación de dones
Autor: Bruno Martínez
Arreglo: Charly Baquedano
Bruno: Voz y guitarra
Alex: Voz y Cajon peruano
Charly: Voz y teclados

Puedes cantarlo libremente en misa